Teleoperadores, máquinas y cintas de audio

Javier Martín nos cuenta en Loogic una historia de tragedia y dolor de barriga que más de un hemos tenido que soportar.

En el 609 no trabajan personas, trabajan maquinas, autómatas programados por algún directivo con ambiciones de gran hermano. Las personas dejan de serlo cuando se les elimina su capacidad de razonamiento, cuando no se les permite contestar cosas tan sencillas como “si” y “no”, cuando se les ha obligado a no poder comunicarse, solo poder contestar frases prefabricadas que no significan nada, cuando durante ocho horas al día lo único que pueden decir es “vamos a realizar las comprobaciones oportunas”, “su llamada será transferida al departamento correspondiente”, “en estos momentos el sistema no permite realizar dicha gestión”.

A pesar de que no describe nada que no hayamos surido en nuestras carnes alguna vez, su texto resulta especialmente interesante porque señala a los teleoperadores como una víctima más del sistema. Porque la deslocalización trajo consigo un efecto secundario que muchos empresarios conocen, pero muy pocos están verdaderamente dispuestos a atajar: la deshumanización.

Por ello, la próxima vez que le respondan del otro lado de la línea con frases huecas y falsa empatía, recuerde que el verdadero culpable de la situación no es su interlocutor, sino la compañía que admite la deshumanización de operador y cliente. Recuérdelo cuando venza su contrato o se termine el saldo de su tarjeta.