Descargas de música y debates en el Pleistoceno

jurasicoTras escuchar el debate de No es un día cualquiera, cada vez estoy más convencido de que la discusión sobre la descarga de música y la propiedad intelectual se ha quedado anclada en la prehistoria. Seguir escuchando a Caco Senante & Cia. sobre lo malos que somos los internautas y los puestos de trabajo que destruyes cada vez que te bajas una canción de la red ya me da un cierto dolor de cabeza. Por no hablar de las comparaciones establecidas entre la descaga de música y el robo de chorizos o lonchas de jamón; impagable.

Tengo que hacer esfuerzo para recordar el último disco que me descargué en la red. Y la razón se llama Spotify, una gran biblioteca musical donde puedes escuchar todos los temas que quieras a cambio de una cuota mensual, o bien de escuchar y ver anuncios cada cierto tiempo.

Por eso me da tanta risa seguir escuchando terminología sobre bucaneros, corsarios y piratas de los siete mares. La industria discográfica y las gestoras se equivocan totalmente al afirmar que esto es una cuestión de todos contra ellos. De hecho, tengo que criticar a Enrique Dans la valoración mas bien tibia que hace en el debate de una aplicación como Spotify, que podría suponer cierto armisticio entre usuarios e industria.

Tal vez me esté haciendo yo viejo, pero creo que ya somos todos demasiado adultos como para seguir tolerando una y otra vez tanta zafiedad en el discurso por parte de la SGAE y sus representantes.

¿Lo mejor del debate? El lobby de la propiedad intelectual reaccionando ante los argumentos de Dans como si de ácido sulfúrico se tratase.

Teddy Bautista, el faltón

faltón, na.

  1. adj. coloq. Que falta con frecuencia a sus obligaciones, promesas o citas.
  2. adj. coloq. Que falta u ofende al hablar. U. t. c. s.
  3. adj. coloq. Col. Dicho de una persona: Que no cumple las normas. U. t. c. s.

¿Recuerdan a Teddy Bautista? Si hombre, ese señor vetusto y siempre enfadado, que tenía el mismo conocimiento de internet que un semáforo. Hace ya tiempo que se nos antojaba desaparecido, pero en una entrevista con El Mundo volvió a realizar gala del insulto. Como en los viejos tiempos.

Querido Eduardo

Cómo presidente ejecutivo de la SGAE, ha insultado a una persona: Enrique Dans. Pero no es la identidad del insultado lo que me ocupa, sino el insulto en sí. Las palabras fueron “inane, imbécil o ambas cosas”. Mientras la asociación “sin ánimo de lucro” que representa persigue por los juzgados a los que censuran su actitud, usted demuestra con zafia grosería que los “paladines” del derecho de autor se consideran con impunidad para decir lo que les dé la real gana. Qué bonito para la democracia.

Pero no se preocupe, querido Eduardo. Porque en la red no necesitamos valernos del insulto para combatir. Los internautas son menos haraganes, y bastante más listos. Porque usted y su organización dan pena; una pena infinita por haberse convertido en sombras deformadas de lo que pretendían ser: adalides de la cultura.

Esta ya no es su batalla, señor Bautista. Muchos grupos, artistas y empresas se han plegado a la demanda de la mente colmena. Ya no le queda munición, sólo el insulto fácil. Es frustrante debatir con alguien así; es una gran desventaja para usted. Porque sus ideas sobre la propiedad intelectual están caducas, casi tanto como su progresía. Abandone y viva tranquilo. Déjenos tranquilos.