Pago de apps: La solución no pasa por recortar funcionalidades

Leyendo los argumentos de Antonio Sabán en ALT1040, me apeteció escribir sobre el pago de aplicaciones en Android y qué hacer para minimizar las descargas no autorizadas de las mismas. Con franqueza: no entiendo demasiado bien por qué debería molestarme en buscar gratis una aplicación que me costaría 3 euros, 2 euros o incluso 99 céntimos. Ninguno de mis dispositivos Android contiene un solo programa de pago descargado gratuitamente de forma ‘paralela’. ¿Por qué? Porque comprarla es mucho más seguro y sencillo (toma nota, industria del cine; tú también, industria editorial).

Además, soy de los que opinan que las tiendas de aplicaciones, con todos sus defectos, tuvieron mucha influencia en la gran bajada de precios del software informático. Recordemos los tiempos en los que muchos programas ofimáticos subían de 200 euros para arriba; ahí es donde comparto el criterio de Sabán. Sin embargo, mi opinión difiere al llegar al siguiente párrafo (las negritas no son mías):

¿Qué solución hay a esto? La más obvia sería que Google eliminase la opción de instalar aplicaciones de orígenes desconocidos (por muy útil que puedar ser para muchos casos ajenos a la piratería). Mientras eso no ocurra, los desarrolladores tienen que buscar herramientas por su cuenta, como hizo el propio Joaquim Vergès con Falcon Pro 3, que para ser comprada ahora tiene que instalarse como una app gratuita para luego adquirir un add-on para poder instroducir nuestra cuenta.

Eliminar la posibilidad de instalar aplicaciones de orígenes desconocidos es apagar el fuego con gasolina; librarse del peligro quitándonos una funcionalidad. Infinidad de usuarios utilizan esta opción para instalar otras fuentes de software legítimo, como Amazon o el repositorio de F-Droid.

Por otro lado, Sabán también habla de los perjuicios en cuanto a desmotivar a los desarrolladores independientes:

[La piratería en Android] Provoca que, cuando un desarrollador indie vaya a comenzar el desarrollo de una aplicación, en el caso de querer ganar dinero con ella, nunca vaya a priorizar hacerlo en Android, e incluso ni se plantee llevarla al Play Store. Provoca que, en Android nunca vayamos a ver aplicaciones exclusivas de la calidad de Tweetbot 3, Fantastical, Drafts, Dispatch, Day One, Workflow, Sparrow o Snapseed en su día (la segunda llegó tras ser comprada por Google). Provoca que, pese a ser una plataforma que por su idiosincrasia puede ser más avanzada, se tenga que conformar con aplicaciones bastante mediocres en muchos casos.

Si buscamos culpables del poco desarrollo o la lentitud en el mismo de las aplicaciones de Android, creo que la fragmentación también debería llevarse una parte del ‘pastel’. No digo que la descarga no autorizada no tenga un elemento desmotivador, ahí está el caso de Falcon Pro. Pero tampoco creo que sea la fuente de todo mal en cuanto a la diferencia en el desarrollo de apps.

Entonces, ¿cuál es la solución perfecta? Ahí está la gracia (o lo contrario), que no la hay. Creo que informar, formar y concienciar a los usuarios es la mejor herramienta para ayudar a los desarrolladores. Las barreras tecnológicas funcionan hasta cierto punto; una vez que ese punto queda rebasado, todo cae. Por supuesto, es el punto de vista de un usuario. Si programas para Android, estaré más que agradecido de escuchar tu opinión en Facebook, Twitter o los comentarios a este post.