Paul Krugman: “El mal llegará con estilo y diseños inspirados en Steve Jobs”

Fotografía de Paul Krugman

Krugman, en 2008

Mi respeto por Paul Krugman ha superado los quinientos puntos básicos desde que leí la entrevista que le realizaron en el podcast Geek’s Guide to the Galaxy, cuya transcripción nos ofrece Underwired.

El Premio Nobel resulta ser un gran aficionado a la ciencia ficción, género que valora por su poder especulativo y la capacidad para imaginar cómo será nuestra sociedad cuando el contador pase décadas, centurias y milenios. ¿Sabían que en 1978 publicó un artículo elaborando una Teoría sobre el comercio interestelar (PDF)?

Que de mayor quisiera ser un psicohistoriador como Hari Seldon no es, ni de lejos, lo mejor de una conversación en la que algunas preguntas rozan la genialidad. Por ejemplo, la viabilidad económica de la Estrella de la Muerte:

There’s been a lot of discussion lately among economists about whether it makes sense to build a Death Star. This debate picked up this year after some Lehigh University students estimated that just the steel for a Death Star would cost $852 quadrillion, or 13,000 times the current GDP of the Earth. Do you think that a battle station is worth that kind of investment, especially considering that the ability to destroy a planet is insignificant next to the power of the Force?

Krugman responde:

Yeah, I think that’s probably right, and also, in general, you have to think that the basic trend in military technology — as with everything else — has been towards small and deadly. I think more likely we’re going to have microscopic drones that can kill everybody. So the Death Star is a very antiquated vision of what evil will look like. Evil will come in stylish, Steve Jobs-inspired designs.

Toma esa.

Imagen: Wikipedia | Prolinserver

Diez libros sobrevalorados

Flickr: ellajphilips

Flickr: ellajphilips

Les contaré un secreto: las hinchadas deportivas y literarias se parecen más de lo que se imaginan. Por mi formación, estoy totalmente incapacitado para contemplar la lectura como una pérdida de tiempo, ya sea el más simple de los folletines o la más rancia de las novelas. Sin embargo, ello no es óbice para experimentar los perversos placeres que se derivan de una feroz discusión en este campo. Es esta una guerra donde jamás se hacen prisioneros y los popes caen como moscas.

Como cualquier excusa es buena para iniciar tal catástrofe, en Flavorwire han elaborado un listado con los diez títulos más sobrevalorados, pertenecientes todos ellos a literatura escrita en lengua inglesa. Reproduzco título y autor, no sin cierto regocijo personal por la inclusión de la primera obra reseñada.

  • El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger.
  • El despertar de Finnegan, de James Joyce.
  • Cumbres borrascosas, de Emily Brontë.
  • Ruido de fondo, de Don Delillo.
  • En la carretera, de Jack Kerouac.
  • Moby Dick, de Herman Melville.
  • Pasaje a la India, de Edward Morgan Forster.
  • Crepúsculo, de Stephenie Meyer.
  • El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.
  • Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach.

Tengo serias dudas sobre Crepúsculo. Dudo que se pueda incluir en un listado de libros sobrevalorados porque no hay demasiado que sobrevalorar en una obra que le quitó la dignidad al vampirismo y la licantropía, profesiones serias hasta la llegada de esa horrible caterva de adolescentes despeinados.

Por curiosidad busqué en Google sobre más listados de este tipo, y me salió toda una serie de tres entradas en Papel en Blanco dedicadas a este oficio tan sano. Esta es su selección de títulos sobrevalorados, bastante más salvaje que la primera. Solo por añadir Mundo Anillo ya se merecen la perpetua.

Libros sobrevalorados I | Libros sobrevalorados II | Libros sobrevalorados III

Facebook y Twitter, ¿liebre y tortuga?

Nick Bilton ha usado, en el blog Bits del New York Times, la fábula de la liebre y la tortuga para comparar a Facebook y Twitter. Atribuida a Esopo, la historia está disponible en Wikisource. Como ya saben, termina así:

Llegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo. La tortuga nunca dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta. En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida. Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vió como la tortuga había llegado de primera al final y obtenido la victoria.

En opinión de Bilton, mientras Facebook ha seguido el camino de la liebre, avanzando a mucha velocidad mientras la privacidad de los usuarios se tomaba una buena siesta. Twitter, en cambio, habría sido más cuidadoso:

For example, on Thursday Twitter introduced a feature that is intended to make better suggestions of whom to follow on the service. To make the new service work, Twitter needs to do some snooping. Did privacy groups come out and berate Twitter for its actions? No. Did the F.T.C. announce an investigation into the company’s practices? Actually, quite the opposite.The government proudly announced Twitter’s ability to let people opt out of the new feature.

Creo que Bilton le cuelga demasiado rápido la medalla a Twitter. Lo realmente revolucionario hubiera sido que la opción fuera opt in en lugar de opt out. No me atrevo a predecir el ganador de esta carrera, no estoy del todo seguro sobre cuál es la liebre y cuál la tortuga.

Imagen: Wikipedia | The Tortoise and The Hare

Día del Libro Intantil y Juvenil: El cumpleaños de los cuentos

Hoy es un día especial. Si no has dormido bien, quizá te convenga revisar los colchones para ver si hay algún guisante que te esté interrumpiendo el sueño. También puedes ir al mercado y cambiar una vaca por un puñado de habichuelas. Te recomiendo que las plantes a ver que pasa.

Opcionalmente, también puedes probar tu maña como sastre y confeccionar un traje de la más finísima tela, están muy demandados entre nuestra clase política.

Seaas como seas: princesa o príncipe, rey o reina, rana o patito feo, sirenita o ruiseñor, este es tu día. Porque hoy se conmemora el nacimiento de Hans Christian Andersen, maestro de los cuentos, al que también recordamos en La Voz de Asturias.

Por eso, en 2009, le hice este regalo en una de las columnas de nuestro periódico. Regalo que comparto, también, con vosotros. Feliz día.

Un regalo para Andersen

Aboné la clásica necesidad de cuentos infantiles con una enorme colección de mitos y leyendas, regalada una imborrable mañana por mi madre. Páginas y páginas con lejanas historias de Japón sobre tortugas, y venganzas que tomaban un carácter casi inmortal. Tremendas correrías de los dioses griegos, con Zeus Olímpico a la cabeza en la lista mundial de infidelidades. Sin olvidarse de lo burras que eran las deidades nórdicas, capaces de disfrazar a Thor de barbuda novia para poder partirle la crisma al enemigo.

El canon de la belleza era harina de otro costal, dibujado por Alan Lee y Brian Froud en un libro sobre las hadas, que constituía todo un censo de población feérica de Cornualles. Por supuesto, no toda la gente menuda se caracteriza por sus rasgos hermosos o afabilidad; en el maravilloso libro late siempre el peligro sordo que acecha al curioso, al mentecato o al ladrón.

Tampoco me faltó Michael Ende. Por su horrorosa y aburrida portada, tardé mi tiempo en leer un ejemplar regalado de Jim Botón y Lucas el maquinista , novela que te transportaba a un mundo donde las locomotoras están vivas, en China se tienen hijos cada vez más pequeños, y los dragones eran la versión horrorosa de aquel profesor duro como un hueso que ha poblado alguna vez las pesadillas de todo infante.

Ayer fue Día del Libro Infantil y Juvenil; el cumpleaños de Hans Christian Andersen, gran forjador de cuentos. Autor, sin saberlo, de un sueño en los albores de mi razón, donde un palacio surgido de la tormenta helada tenía por dueña hermosísima dama de besos gélidos. Como su corazón.

Bola extra: El circo de las maravillas