Bajo el nogal de las ramas extendidas yo te vendí y tú me vendiste

En una sociedad donde el poder tiene una relación con la lectura cada vez más hipócrita, resulta curioso observar la atmósfera respetuosa, casi sacra, que envuelve a ciertos volúmenes. Con tiempo y análisis lo suficientemente pedantes, acaban convertidos en pirámides del ‘porque sí’, que prometen las cien maldiciones del faraón al insensato que se adentre en su interior con la antorcha del espíritu crítico.

Por eso es difícil acercarse a las grandes obras de la literatura universal sin telarañas en la cabeza; el lector tiene una sensación muy parecida a pisar la ópera en chanclas y bermudas. Difícil, pero muy recomendable; porque hay libros en este mundo que no tocan la cabeza porque bajan directamente al corazón, el estómago y el hígado. Así es como muchos títulos merecen ser recordados. Así es como merece ser recordado 1984.

Aún me parece que fue ayer. Cuando por fin alargué el brazo y me llevé la gran obra de Orwell de la estantería, me encontré con algo muy diferente a lo instalado en la cultura popular. Porque las aventuras de Winston en ese mundo donde el totalitarismo ha devorado hasta su propia sombra son, y serán por mucho tiempo, la patada que necesitamos quienes vivimos en una sociedad manipulada y manipulable.

Hace dos días, Jason Kottke enlazó a una copia digital de la crítica que apareció en el New York Times el 12 de junio de 1949, analizando aquella novela tan diferente de Rebelión en la granja. Así aparece expresado en uno de los mejores párrafos:

In the excesses of satire one may take a certain comfort. They provide a distance from the human condition as we meet it in our daily life that preserves our habitual refuge in sloth or blindness or self-righteousness. Mr. Orwell’s earlier book, Animal Farm, is such a work. Its characters are animals, and its content is therefore fabulous, and its horror, shading into comedy, remains in the generalized realm of intellect, from which our feelings need fear no onslaught. But ”Nineteen Eighty-four” is a work of pure horror, and its horror is crushingly immediate.

Un trabajo de horror puro, inmediato. Pero también la historia de dos personas, Winston y Julia, cuyo amor es el único destello de luz en el mundo distópico que los envuelve.

La condición de obra universal es una pobre excusa, árboles que nos impiden ver el bosque de la verdadera razón por la que mucha gente recomienda este libro. Décadas después de su primera edición, 1984 sigue siendo un tiro a bocajarro en nuestro futuro, aunque todavía haya personas dispuestas a ignorarlo; aunque muchas personas se empeñen en enterrar empatía y sentimiento en un mundo cada vez más frío. Amar, como canta Muse sobre Winston y Julia, es algo más que amar: es resistir.

Imagen: Flickr | Amio Cajander

Tienda Kindle en España, primeras impresiones

Amazon acaba de comenzar a comercializar en España el nuevo Kindle, famoso lector de tinta electrónica que tantas alegrías ha llevado a mi experiencia de lectura. Además, la Tienda Kindle despega, por fin, en nuestro país, con un catálogo inicial de 22.000 títulos. He aquí mis primeras impresiones.

Aspectos destacados

Para un aficionado al género fantástico, la Tienda Kindle está más que bien surtida. Parte del catálogo está importado de los fondos de Libranda; un sistema que, si bien era francamente horrible para compra, volcado a Amazon se convierte en algo muy diferente. Parece que las editoriales como Timun Mas o Minotauro se van a tomar en serio este nuevo espacio, ya que las novedades más ‘sonadas’ están debidamente incluidas en el catálogo. Mención aparte merecen los libros editados por Impedimenta. Si bien no está incluído todo su catálogo, ya era hora de que los usuarios de Kindle pudiésemos disfrutar de sus traducciones, una de las ventajas que las editoriales deben explotar si quieren competir con las páginas de descargas.

Si ya tenías un dispositivo Kindle, puedes “transferir” tu biblioteca de Amazon.com a su versión española, e incluso puedes volver a transferirlo si la experiencia no te satisface. Por supuesto, los títulos del catálogo inglés son accesibles también desde España, lo que añade un plus de comodidad.

También resulta de lo más atractivo el sistema de adelantos, mediante el cual puedes bajarte gratuitamente las primeras páginas de una novela para comprobar si te apetece seguir leyendo. Todo ello con las características habituales de la versión norteamericana: sincronización de notas, acceso a los títulos desde múltiples dispositivos… En resumen, la buena experiencia de lectura electrónica de Amazon, ahora en castellano.

Inconvenientes y ausencias

Que los precios no iban a ser lo mismo en nuestro país, no es ninguna sorpresa. Pagar 18 euros por la edición electrónica de El temor de un hombre sabio me parece un atentado contra la humanidad. Pero no crean que la cosa se excede desmasiado, hay muchos títulos rondando la media de 12 euros y auténticas gangas por menos de cinco.

Por otra parte, es una lástima no poder enviar, todavía, libros para regalo en formato electrónico. SIn embargo, parece que Amazon está trabajando para incluir esta opción, lo que alegraría y facilitaría las navidades a más de un@.

Rarezas y sorpresas bizarras

La autoedición, uno de los principales atractivos de Amazon, a veces nos lleva a descubrimientos de lo más divertido. Por curiosidad, me puse a buscar los libros más baratos dentro del género de fantasía y ciencia-ficción. Como ya os he dicho, hay auténticas joyas a poco precio, pero también hay cosas que rayan lo bizarro, como esta sinopsis de Carta al director, un cuento incluído, al parecer, en una recopilación llamada Darktales creda por un tal Steven R. Zellers. El subtítulo ya promete:

Una narracion breve de Darktales. Una colección de historias torcidas asustadizas enfermas.

Pero si tenemos la mala costumbre de ir a la sinopsis…

Si usted piensa una invasión local es un asunto asustadizo, se imagina le vivo todo solamente en un cortijo lejos de cualquier persona, después una noche durante una tormenta cuando salen las luces, usted consigue a unas centenas visitantes unwelcomed.

Traductores automáticos, cuánto mal habéis traído al mundo.

La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido

Hace 112 años nació un hombre notable. Un hombre cuya imaginación sólo se podía comparar con dos cosas: su talento para la escritura y su amor por la lectura.

Este hombre inventó sueños, personajes extraños y países remotos que nacen de las enciclopedias. Concibió un cuento tan hermoso que es casi un himno para la profesión en la que escogí formarme.

Hoy Google homenajea a este hombre y también le homenajeo yo, como pago a lo sucedido a finales del siglo pasado, cuando tuve el honor de comentar uno de sus textos durante mi prueba de acceso a la universidad.

Feliz cumpleaños, señor Borges. Que el lugar donde su conciencia repose haga justicia a los mundos con los que hizo soñar a tantos lectores.

De todos los instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y la imaginación

Puertas y preguntas

Cita

—¿Y nunca ha preguntado a nadie acerca de esa casa de la puerta? —preguntó Mr. Utterson. —Pues no señor, he tenido esa delicadeza —fue la respuesta—. Estoy decididamente en contra de toda clase de preguntas. Me recuerdan demasiado el día del juicio Final. Hacer una pregunta es como arrojar una piedra. Uno se queda sentado tranquilamente en la cima de una colina y allá va la piedra arrastrando otras cuantas a su paso hasta que al final van a dar todas a la cabeza de un pobre infeliz (aquel en quien menos habías pensado) que no se ha movido de su jardín, y resulta que la familia tiene que cambiar de nombre. No señor. Yo siempre me he atenido a una norma: cuanto más raro me parece el caso, menos preguntas hago.

Robert L. Stevenson, El extraño Caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde

¡Que no cunda el pánico! Hoy es el día del orgullo friki

Hoy es el Día del Orgullo Friki, también denominado Día de la Toalla; una fecha donde sacamos nuestro verdadero yo a pasear. Con motivo de tal celebración, reciclo una columna que publiqué hace unos meses en La Voz de Asturias y que es, a todos los efectos, una vindicación del género fantástico y la ciencia ficción, temáticas a las que debo gran parte de mi amor por la lectura. Mucha gente tiene los pies en el suelo, nosotros tenemos una flota estelar. Feliz día.

A caballo, si hace falta

La saga de libros La Espada de la Verdad, escrita por Terry Goodkind, inspiró una serie de televisión que se estrenó en España bajo el título La Leyenda del Buscador. No me pierdo ningún capítulo, a pesar de que programas de otra temática y similar calidad no hubieran resistido tres visionados. Explicación: la fantasía es una droga; y de las duras, porque distorsiona la realidad de forma divertida.

Un ejemplo tiene como protagonista a un chaval de Massachusetts llamado Daniel Depaolis. En la Spirit Week de su colegio –parecida a la Semana Cultural que se celebra en algunos institutos–, una de las jornadas estaba dedicada a los caballeros. Depaolis obró en consecuencia: acudió a su colegio montado a caballo, con yelmo y espada, en compañía de su escudero. La reacción ante semejante ocurrencia no se hizo esperar, y el director del centro le obligó a bajarse del caballo para después expulsarle durante dos días.

Terry Pratchett es uno de los mejores autores de literatura fantástica. Las novelas del Mundodisco le proporcionaron reconocimiento mundial y el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico en 2009. Cualquier realista o descreído acogería semejante pompa con una mezcla de sorpresa y embarazo. El caso de Sir Pratchett fue diferente; como autor de género, supo exactamente lo que había que hacer. Con ayuda de un amigo herrero, utilizó mineral procedente de meteoritos y se forjó una espada mágica. Observen que no utilizo el entrecomillado, porque si uno se forja su propia espada con metal de los cielos, la espada es mágica y no hay más discusión.

Alumnos como Depaolis y autores como Pratchett nos enseñan una valiosa lección: la realidad es tozuda, pero nosotros somos más y estamos mejor armados. Por eso hay que tener cuidado antes de maltratar la nueva edición de lo que fue una gran película en el género fantástico.

Jorge Lorenzo es Campeón del Mundo de Moto GP 2010. Y ahí terminan mis conocimientos académicos sobre su persona; no soy aficionado a las motos, ni le conozco en el plano personal para juzgar intenciones. Pero cuando en el blog Zona Fandom publicaron, en medio del horror, que el Sr. Lorenzo iba a tener un papel en el doblaje de Tron: Legacy , poco faltó para que forjara yo también una espada y fuera en su busca.

Tron es una de aquellas joyas que salieron de la factoría Disney a principios de los 80. En la historia, un programador llamado Kevin Flynn intenta salvar el mundo digital que ha creado desde dentro, tras ser arrastrado al mismo por el Control Central de Procesos, una malvada inteligencia artificial. Flynn, un Usuario entre programas, un dios entre sus criaturas, ayuda al personaje Tron a conseguir llegar a la torre I/O, templo de comunicación donde otro Usuario les dará la clave para destruir al tiránico CCP y devolver la paz al sistema.

Utilizando máquinas, Tron habla de humanos; piezas en el gran sistema jerarquizado, buscando al programador último y esperando siempre instrucciones. Una gran película de ciencia-ficción y fantasía, cuya secuela se estrenará en Diciembre y que merece un respeto por parte de la Disney. Deje usted el doblaje a los profesionales, señor Lorenzo. Y ustedes, amos deMickey Mouse en versión española, mejor no saquen de quicio a los espectadores de culto. Si hace falta, entraremos a caballo en el estudio de doblaje.

Imagen: Flickr|Jim Linwood

Día del Libro, alimento para el corazón

Escribí este texto para La Voz de Asturias del 24 de abril de 2009. Recupero el mismo para celebrar, como cada año, la festividad del mejor invento que haya concebido jamás la humanidad. Feliz día para todos los lectores y lectoras del Pergamino Raspado.

Alimento para el corazón

Guardemos un minuto de silencio por almas y letras. Sea esta una señal de honor y de respeto, para aquellos y aquellas que han sacrificado sueños, sufrimiento y esfuerzo, a fin de que que nosotros podamos leer en la seguridad de nuestro sillón orejero. En el tren, la biblioteca o la parada de autobús, viajan nuestros sueños de tinta. Larga vida a la literatura, no tan vieja como el mundo, pero con un gran poder.

Porque la palabra escrita tiene poder; el poder de sanar heridas del alma. La creación literaria es capaz de apuñalar conciencias y cambiar a las personas. Tal es la posibilidad de mutación, que muchos temen acercarse a cierto libro. Porque los libros fueron creados por conciencias, y parte de las conciencias se vuelcan en los libros, que contienen luces o sombras de su autor. No importa dónde nos lleve la ciencia, o el progreso tecnológico: las palabras llegaron antes.

Ayer, Día del Libro, las letras deambularon por la calle. Se colaron en portales, conciencias, maletas, bolsos y mochilas. En Cataluña, se envolvieron con promesas de amor, papel de regalo y una rosa.

Por eso todos los días son días de libro. Días para despertar, expandir la mente y reformar nuestro pensamiento. Porque la palabra escrita, sea donde sea, es llave a la mayor ventaja del ser racional. Porque los libros nos permiten tomar las ideas y visión de un extraño y hacerlas nuestras. Porque nos permiten vivir cien mil vidas, para después desperezarnos y tomar un café. Porque vivir vale la pena, aunque sólo sea para seguir leyendo.

Foto: flickr| friarsbalsam

Compartir un libro no es delito, y debería ser un derecho

Flickr: ellajphilipsJulio César Herrero, decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Camilo José Cela, es también periodista y columnista en La Voz de Asturias. Siempre resulta una lectura interesante para los lunes, aunque con él me pasa lo mismo que con Pérez-Reverte: coincido con muchas de sus columnas, pero hay alguna que se me atraganta.

Esta semana es una de esas veces. Bajo el título de Aviso a navegantes, Herrero ha comentado algunas cosas sobre copia, descargas y propiedad intelectual; por ello, me gustaría realizar ciertas observaciones. Pensaba publicarlas en un comentario, pero creo que es mejor ponerlas también como entrada en mi blog, para extender un poco el debate. Espero que no le importe que haga un poco de fisking para ello, es más cómodo a la hora de redactar. Dice Herrero:

Todo creador tiene plenos y exclusivos derechos sobre la explotación de su obra. Sólo a él corresponde la decisión de si la vende, la regala o cobra un porcentaje por su consumo. Las páginas webs que deseen ofrecer la obra – bien como vía de negocio o por el hecho simplemente de ofertar un servicio gratuito- deberán contar con la autorización del creador y pactar con él las condiciones.

Teniendo en cuenta que el debate sobre la música está comenzando a superarse, tomemos el caso más sangrante de la actualidad: el comercio del libro.

Lo que describe el párrafo sería ideal. Pero en la actualidad no ocurre, porque el autor comparte los derechos de su obra con dos organismos mucho más exigentes que la red: editoriales y gestoras. Una página web que desee publicar una obra no ha de negociar solo con el autor; de hecho, los acuerdos con editoriales por derechos de republicación, precios y, en su caso, traducción, son mil veces más duros que los acuerdos que pudieran cerrarse con el propio autor.

Lorenzo Silva, nada sospechoso de defender la mal llamada cultura del todo gratis, se quejaba hace poco de no tener una edición digital de su última novela a un precio asequible porque su editorial se neiga en redondo.

Ningún creador fuerza a un potencial cliente a pagar por la obra si no quiere consumirla; pero si lo hace, deberá pagar por ello, si el creador la ha concebido con el sano y legítimo propósito de enriquecerse a su costa.

Existe un lugar donde esta afirmación no tiene base, y se llama biblioteca. Cuando una biblioteca adquiere un libro, los beneficios que el autor dejará de obtener por cada préstamo son ingentes si se trata de un best seller. Es cierto que el canon a los libros (que ya he criticado) se creó para cubrir esas pérdidas. Pero no llega, ni por asomo, a la cifra total.

Voy más lejos: ¿Qué pasa con iniciativas como el BookCrossing? Porque es toda una red P2P. ¿Cuántas pérdidas ha generado esta actividad? Si aplicásemos el mismo alarmismo de los estudios sobre la red a estas formas de intercambio, nos saldrían cifras de escándalo.

Otro de los argumentos que han esgrimido quienes se oponen a la Ley – concretamente, la Asociación de Internautas- es que supone un atentado a la libertad de expresión e instaura la censura en Internet. La libertad de expresión es el derecho que ejerce quien crea una obra, no quien la consume. Impedir que alguien robe nada tiene que ver con la censura. Que el objeto robado sea un libro, una canción o una película no cambia en absoluto el tipo delictivo.

Problema: descargar no es delito ni robo. No lo digo yo, lo dicen los juzgados y muchos juristas. De hecho, esa fue la principal razón para crear esta aberración jurídica: si el juez no te da la razón, reduce la competencia del juez.

Nadie ha sido condenado por robo por descargarse un libro. Si robo un libro de una librería, esta se queda sin dicho libro. Si lo copio, el libro no desaparece.

Lo malo de la Ley Sinde no es que amenace, en sí misma, a la libertad de expresión. Es que combina, de forma torticera, con el exiguo derecho de cita que contempla nuestra normativa. En EEUU, donde la legislación contra las descargas es más dura (pero casi igual de inútil), existe una cosa llamada fair use, un criterio de jurisprudencia que permite el uso de material protegido por derecho de autor sin necesitar de permiso previo, siempre y cuando sea con fines informativos, educativos o sin ánimo de lucro.

En España eso no existe. Por ley, los únicos supuestos que ampara el derecho de cita son la investigación y la educación. Por tanto, cada vez que utilizamos un cartel de cine para ilustrar el comentario de una película, cada vez que extractamos un capítulo o sinopsis de un libro y cada vez que publicamos cualquier contenido, aunque sea para darle publicidad, es una posible infracción al derecho de autor, si antes no hemos solicitado permiso para ello.

Ahora parémonos a pensar en todos los blogs, conocidos y desconocidos, que realizan dicha práctica. La mayoría; ya que, a pesar de la ley, España suele ser tolerante con este tipo de acciones.

Así pues, he aquí como se puede cerrar cualquier web utilizando la Ley Sinde:

  1. Mengano publica en su blog un artículo criticando a Eddie el Flautista.
  2. Eddie el Flautista quiere cerrar el blog de Mengano.
  3. Eddie el Flautista descubre en el blog de Mengano una Imagen de Marca, que regenta un amigo suyo.
  4. Flautista llama a su amigo, y le convence para utilizar la Ley Sinde para cerrar el blog de Mengano. Al fin y a la postre, la imagen de marca la colgó Mengano sin autorización previa.
  5. Comienza el proceso ultrarápido de la Ley Sinde contra el blog de Mengano.

Sí, es un caso exagerado. Sí, tal vez el juez tuviera sus dudas sobre este apartado. Pero, ¿de verdad debemos legislar confiados en el buen hacer de la industria? Veamos un pequeño ejemplo de todo el brazo que nos cogen al dar la mano:

  1. Amazon habilitó el préstamo de libros en el Kindle. Por miedo, casi todas las editoriales lo deshabilitaron.
  2. Llegó el libro electrónico, y las editoriales lo plagaron con DRM. Algunos intermediarios como Libranda, pasaron de los usuarios de Kindle y convirtieron la experiencia de comprar un libro electrónico en un verdadero infierno.
  3. El ministerio de Cultura ha iniciado un plan de préstamo de lectores de tinta electrónica en las Bibliotecas Públicas. Pero como no hay acuerdo con las editoriales, solo se pueden leer libros en dominio público. Del préstamo a través de web ya ni hablamos.

La Red está forzando a una reflexión sobre diversos aspectos en los que parecía haberse alcanzado ciertos consensos. En eso consisten las revoluciones. Obligan a repensar cuestiones que estaban asentadas y a adaptarse a nuevos escenarios. Debe hacerse con sumo cuidado y, en este caso, intentando no perjudicar a quienes probablemente más contribuyen a que Internet sea la mayor ventana al mundo jamás abierta: los creadores.

Para este párrafo no tengo ninguna objeción. Pero con demasiada frecuencia se confunde el interés de los creadores con el de los intermediarios o gestores. De todas formas, no vendría mal una buena dosis de sinceridad por la otra parte. De forma similar a cuando nos llaman piratas, proxenetas, traficantes, pendejos electrónicos y otras yerbas, quizá convendría revelar aquí la máxima sobre la que se asienta la anquilosada industria de los contenidos: extender la cultura es bueno, hasta que conlleva una pérdida significativa de sus oligopolios.

En general todo se reduce a que los usuarios vamos ganando. Si el abuso fuera a la inversa, muchos de los que ahora claman por derechos no dirían ni pío. Como no lo dicen de los libros encadenados a lectores y personas que menciona el blog Literatura electrónica:

Estas Navidades, para seguir en Escandinavia, me regalaron una novela de Henning Mankell que ya había leído. Fui a la librería y la cambié por un ejemplar de Si me querés, quereme transa, de Cristian Alarcón, que a mi vez regalé para Reyes. Con esta sencillísima operación, cambié mínimamente la cuenta de resultados de dos editoriales: Tusquets y Norma. Nunca me habría sido permitida tal herejía con un ebook. Es más, si compro un ebook que después me decepciona, tengo que cargar con él para siempre o destruirlo: mi capacidad de elección reflexiva queda coartada por los dueños del copyright. No lo puedo devolver, ni cambiar, ni regalárselo a alguien que tal vez lo apreciaría.

Hay quien dirá que esto es reacción en vez de acción. Pero la verdad es que el sector se ha buscado su propia ruina al haberse dedicado, todos estos años, al noble arte de dormir y no reaccionar. Como decían en aquella entrada de BoingBoing, your failed business model is not my problem.

ISBN de pago: llega el canon encubierto a la autoedición

Por si tuviéramos poco con la aprobación de la Ley Sinde en le callejón de atrás, parece que nuestros representantes públicos todavía son capaces de darnos más alegrías. Ahora resulta que el ISBN, número internacional de identificación para los libros, dejará de estar gestionado en España por la Administración, y pasará a estar controlado por la Federación de Gremios de Editores.

Venga, alegría.

Todo aquel que quiera tener ISBN deberá abonar tres euros por número. Parece barato, ¿verdad? Leamos un poco más en Cincodias.com:

Ese proceso, automático y gratuito hasta ahora, se complicará un tanto en el futuro para esos particulares que no pertenezcan a los Gremios. Para empezar, no puede comprarse un ISBN suelto, sino que debe adquirirse un mínimo de diez, aunque la intención sea solo publicar un libro. Además, será necesario colocar un ISBN distinto a cada uno de los formatos electrónicos posibles: uno para PDF, uno para E-pub… según recomendación del organismo internacional que lo gestiona.

Hagan cuentas; tres por diez… ¡Bingo! Tenemos nuevo canon encubierto. Existen dos posibilidades: que sea una solución de complacientes, para aplacar al gremio de editores ante el apocalipsis que se avecina, o que sea una solución de vagos, para quitarse de encima todas las peticiones que llegarán con el auge de la autoedición. Este Gobierno cada vez me gusta más.

La reforma de la industria editorial

Seth Godin, autor de éxitos en el mundo de la gestión de empresa como La Vaca Púrpura, Tribus o Márketing del Permiso, comunica en su blog que Linchpin –su nueva obra, que yo recomiendo fervorosamente– será la última en publicarse a través de una editorial. Sostiene que, llegado al punto donde sus lectores saben cómo localizar su obra, no necesita de más intermediarios en apartados como la promoción y parte de la distribución.

The thing is–now I know who my readers are. Adding layers or faux scarcity doesn’t help me or you. As the medium changes, publishers are on the defensive…. I honestly can’t think of a single traditional book publisher who has led the development of a successful marketplace/marketing innovation in the last decade. The question asked by the corporate suits always seems to be, “how is this change in the marketplace going to hurt our core business?” To be succinct: I’m not sure that I serve my audience (you) by worrying about how a new approach is going to help or hurt Barnes & Noble.

Teniendo en cuentra su trayectoria, no deja de ser un paso lógico. Desde venta de libros directamente en formato digital, pasando por ediciones limitadas que se enviaban junto con cartones de leche, sin olvidar varias obras gratuitas y un blog donde se dejan ver buenas ideas a diario, no parece que un sistema donde se tarda alrededor de un año en publicar un volumen sea santo de su devoción.

La llegada de internet y, con ella, la potenciación de la autoedición, afectó de forma considerable a casas discográficas y –en menor medida– a productoras de cine. Sin embargo, grabar y promocionar un disco o pieza audiovisual sigue necesitando intermediarios, aunque su importancia se haya visto reducida.

En el caso de la palabra escrita, el colapso será mucho más violento. Para alumbrar una obra de calidad sirve cualquier ordenador, máquina o teclado que agrade a su autor. En cuanto a la edición y distribución de la obra, ya existen servicios como Bubok o Lulu que facilitan enormemente el proceso, requiriendo una inversión no demasiado grande y permitiendo jugar con el margen de beneficio del autor para ajustar el precio de la obra.

En cuanto a lectura, la llegada de la tinta electrónica y la evolución natural de estos dispositivos servirá para democratizar, más que nunca, la creación literaria. Si esta tecnología baja de precio y triunfa en el consumo de masas, la autoedición tendrá el impulso que necesitaba para codearse con la industria del libro.

Sin embargo, los editores todavía pueden tener cierto nivel de superviviencia. Su función como filtro previo y medidor de calidad de un producto antes de su salida al mercado sigue teniendo gran valor, y la maquinaria económica de las editoriales para promocionar sus productos supera a la de cualquier “hazlo tú mismo”.

Con la llegada de la crisis, el modelo de negocio tradicional ha caído en medio de la revolución: o se reforma o lo reformarán otros.