Desde las entrañas

Vía sin salida

Que me perdonen mis lectores habituales por esta disrupción en el canal. Les prometo que seguiré con la tecnología, el cine, los libros y los movimientos sociales; lugares donde todavía existen experiencias interesantes que me permitan olvidar la condena que supone, para un ciudadano concienciado, tener una clase política deficitaria. “Las cosas son como son”, que diría uno de nuestros mejores oradores.

“Es bueno contar hasta diez”, dice Mägo de Öz en La Rosa de los Vientos. La máxima es de gran utilidad cuando publicamos contenido en la red, ciudad de ciudades donde hemos de caminar con el corazón en la mano pero con la cabeza fría. No es el caso de esta jornada; tampoco de esta entrada, escrita desde las entrañas tras contemplar cómo la escasa imagen que le quedaba a la ‘alta’ política española quedaba destruída esta mañana en el Congreso de los Diputados.

Si tuviera todas las respuestas estaría enseñando teología en París, como le dice Guillermo de Baskerville a Adso de Melk. No soy economista, analista financiero ni experto en política internacional. Sin embargo, la formación que mi familia tan obstinadamente me ha inculcado incluye la reverencia por la últimas migajas sacrificada en el altar de la dignidad: respeto y formas.

Señorías, ¿me pueden explicar qué narices celebraban con aplauso y semblante rebosante de satisfacción? Lo que el ojo no ve ya no existe; allí estaban ustedes, partiéndose la caja y comportándose como una mala copia de la hinchada del Manchester mientras nos anunciaban que la fiesta de unos pocos vamos a pagarla entre todos; que los funcionarios van a volver a ser chivos expiatorios; que comerciantes y clientes van a hundir el pie un poco más en la miseria con medidas que nos llevarán de cabeza a la tumba económica.

La industria que tanto empeño han puesto en “proteger” estará más contenta que unas castañuelas: con la subida del IVA, la bajada del sueldo a los funcionarios y el recorte a los parados, en el imperio del comercio no se va a poner el sol. Así que más nos vale que brille mucho la estrella de Belén, porque los Reyes Magos -esos que no estafan a los súbditos- van a venir con los camellos al límite de la desnutrición.

No soy economista, analista financiero ni experto en política internacional, pero las formas con las que se ha despachado -y me temo se despachará- el Gobierno esta semana son absolutamente impresentables. Dejen sus señorías de golpear el estrado, aplaudir y jalear. Estamos en duelo por nuestros derechos; respeten el luto, ya que nada harán por aliviarlo.

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