Lo que escribí sobre Steve Jobs

El siguiente texto fue publicado en La Voz de Asturias el 16 de enero de 2009, cuando Jobs se retiró temporalmente de la dirección de Apple debido a su estado de salud. Hoy, 25 de agosto de 2011, casi todo lo escrito en 2009 me parece relevante para glosar el cese de Jobs como CEO de Apple.

Steve Jobs, el icono

Internet ama títulos y apelativos. La red es el único universo donde alguien puede ser al mismo tiempo un entrepreneur, SEO, experto en redes, programador, freelance, escritor e infinidad de cosas más. Sin embargo, es más complicado acceder a los títulos de rango.

Entre los términos sagrados de la Jerusalén cibernética, se encuentra la palabra Gurú. Búsquenlo en Google: encontrarán miles de resultados. Gurú es trofeo de sueños eléctricos que se otorga por el prójimo, y que no podemos imponernos. Gurú es algo más que un conocimiento notable: un guía espiritual en el Karma de unos y ceros. Por ello, cuando un demiurgo de tendencias como Steve Jobs realiza un anuncio importante, todo el mundo se vuelve para escuchar. En una noticia que unió medios del mundo real y virtual, anunció su retirada temporal de la vanguardia en Apple por motivos de salud.

Jobs, el genio surgido de la caligrafía. El que lanzó y relanzó Apple. El que consiguió ser amado por los consumidores, a pesar de las ciento y una partidas de trilero que les ganó. El que convirtió la propiedad de una máquina con la famosa fruta en un placer casi sexual. El que prometió el fin del DRM para después hacerle bailar con otros disfraces. Imperfecto, maniático, despierto, atolondrado y obsesivo Jobs; un baile de máscaras consagrado a la compañía de la que es icono.

Pocos tienen tanta notoriedad en nuestro siglo. Odiado, amado, criticado y ensalzado. Si la gran aspiración del ser humano es la inmortalidad, puede que Steve Jobs haya sido capaz de alcanzarla gracias a su ingenio, perseverancia y visión de mercado.

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