Downton Abbey

¡A ningún inglés se le ocurriría morirse en casa de otra persona! No digamos ya en casa de un desconocido.

Violet, Condesa viuda de Grantham

Las series costumbristas o “de época” nunca me han gustado en bloque. Depende más bien de la época y de la costumbre practicada en ella. Por eso, dramones como Norte y Sur o Arriba y Abajo me ocupan unos pocos bytes, de esos que encajan en la cultura popular o el recuerdo colectivo. Ni una ni otra me llamaron demasiado la atención.

Por eso, comencé a ver Downton Abbey con cierto escepticismo. Como buen degustador del género fantástico se me hace difícil asimilar un drama sin bicho sobrenatural de por medio. Pero esta serie, producida por la BBC e infinitamente aclamada por blogs y crítica especializada, merece un visionado. Intentaré explicar por qué.

De la Wikipedia: Año 1912. La vida en el condado de Downton Abbey (Inglaterra) cambia cuando el futuro heredero muere en el hundimiento del Titanic. El conde Robert Crawley (Hugh Bonneville) y la condesa Cora Crawley (Elizabeth McGovern)-padres de Mary (Michelle Dockery), Edil (Laura Carmichael) y Sybill (Jessica Brown-Findlay)- empiezan la búsqueda de un nuevo heredero, que finaliza en la elección de un joven abogado de clase media, primo lejano de Robert: Matthew (Dan Stevens). Esta decisión, en cambio, no gusta a algunos miembros de la familia ni a todos los criados.

Por favor, Carson, no sea melodramático; no esta interpretando a un personaje de Dickens.

Robert Crawley, Conde de Grantham

Esta frase define bastante bien el espíritu de la serie. El primer punto a su favor es la ausencia de gas lacrimógeno. Es cierto que hay momentos tristes, pero quedan reducidos a un nivel menor, una especie de languidez, que hace los malos momentos perfectamente soportables. Lo mejor de todo es que dicha languidez se combina con una demostración de la mejor flema y socarronería inglesas. Hay comedia en el corazón de la serie, y es precisamente esa comedia la que permite que contemplemos los momentos de penuria sin ahogarnos en ellos.

Escala de grises

El segundo aspecto destacable son los personajes y lo complejo de sus perfiles. El primer capítulo de la serie juega con el espectador a los trileros, exponiendo papeles muy arquetípicos, definidos. Sin embargo, a medida que avanza la serie se hace patente la escala de grises, mostrando que hasta el más cínico de los protagonistas tiene anhelos, motivaciones más allá de su zafiedad moral.

Del siervo al trabajador

En Downton Abbey el servicio no está compuesto por esclavos sino por trabajadores, con derechos reconocidos por el Parlamento de Inglaterra. Es cierto que todavía permanecen restos del viejo vínculo del vasallaje, de la sumisión al terratentiente. Pero son ya difusos, y los criados no se cortan a la hora de defender sus opiniones; siempre desde el más absoluto respeto, pero siempre con sus opiniones. En general, podríamos decir que estamos justo en el límite del cambio de mentalidad sobre esta cuestión.

Downton Abbey me ha sorprendido para bien. Es posible que te guste, aunque no estés acostumbrado a este tipo de argumento. Si estás pensando en ver la serie, dale una oportunidad.

Enlace de pago

El título de esta reflexión es una pequeña licencia, pero resume bien todo el daño que la primera tentativa de muros de pago causó a los diarios digitales. Cuando sitios como El País decidieron imponer el cobro por acceso a sus noticias, todos los blogs y webs que mencionaban una infomación de dichos sitios incluyeron un pequeño texto, indicando que el acceso al enlace requería una suscripción. Esas tres palabras casi lograron sacar a los pioneros del mapa, en detrimento de rivales directos que ofrecían el mismo contenido en acceso libre.

Ahora, medios como el Wall Street Journal llevan a cabo la resurrección de aquel bicho tan peligroso, en una versión cuidadosamente diseñada para no desatar las iras de lectores que no quieren ver el aburrido aviso, columnistas que no quieren perder su influencia en la red y anunciantes que buscan alcanzar la mayor cantidad posible de público.

El último gigante en irrumpir en lo que podríamos llamar el “muro de pago de puntillas” ha sido The New York Times. Resumiendo la nueva política, obtenemos lo siguiente:

  1. Se podrá acceder a los artículos sin coste alguno hasta cubrir la cantidad de 20 textos cada més.
  2. Los artículos leídos mediante el acceso a través de un enlace en las redes sociales no tendrán limitación en su lectura. La sección Top News seguirá siendo gratuita, así como la portada, portadas de sección y blogs.
  3. Los suscriptores de papel tendrán acceso total a los contenidos.
  4. Los suscriptores web tendrán tres modalidades a elegir, con distinto precio y funcionalidades.

Con esta configuración, los lectores casuales del NYT no se pegarán de bruces contra el muro, y los bloggers y usuarios de redes sociales tampoco verán mermada la calidad de sus enlaces y recomendaciones. Como hemos comentado antes, la estrategia pretende ser la vacuna contra el “enlace de pago”; una solución intermedia. Arthur Ochs Sulzberger Jr., editor de la Grey Lady, ha remitido esta carta a sus lectores:

This week marks a significant transition for The New York Times as we introduce digital subscriptions. It’s an important step that we hope you will see as an investment in The Times, one that will strengthen our ability to provide high-quality journalism to readers around the world and on any platform. The change will primarily affect those who are heavy consumers of the content on our Web site and on mobile applications.

Cabe preguntarse qué sucederá en el futuro. Algo me dice que, si el modelo propuesto tiene éxito, la prensa reforzará el fortín de pago. Si no lo tiene, tal vez sea la excusa para volverse más restrictivos.

El aspecto positivo es encontrarnos, al fin, en un campo de pruebas real para el negocio de las ediciones digitales de los diarios. Nadie mejor que el propio lector para decidir lo que desea en un sistema de libre competencia, tras meses diciéndole al lector lo que tiene que hacer para compensar a las rotativas.

Cuando llegó internet, los propios diarios se apresuraron a colgar sus contenidos en línea con acceso gratuito, cobrando unos precios irrisorios por la publicidad. De aquellos polvos vinieron estos lodos; por eso no me gustaría ver cómo la prensa se une al coro de plañideras compuesto por la industria del cine, la música y el libro, quejándose de una situación a la que ella misma abrió la puerta.

Trabajo en una redacción; les aseguro que, tomando como medida el esfuerzo y sacrificio de los periodistas, el precio actual de un diario es una ganga. Sin embargo, también creo en un acceso libre y universal a la cultura. Hay espacio de sobra para que unos se informen y otros hagan negocio, pero el periodismo ha de renunciar a su papel de víctima y reconciliarse con la persona que, pagando o no, invierte minutos y horas en visitar la web de un periódico. Para los que la nutren, no existe tiempo más valioso.

Bola extra: Silvia Cobo desmenuza un impresionante documento: la presentación de la web del NYT hace 15 años.

Imagen tomada de Nieman Journalism Lab

Super 8

Instrucciones básicas para conseguir que vuelvan al cine y traigan a sus hijos…

  • Los fans de la cinematografía
  • Los fans de Los Goonies
  • Los fans de ET
  • Los fans de Godzilla
  • Los fans de Lost
  • Los fans de todo lo anterior junto

Paso 1: cámbiese el nombre por J. J. Abrams. Paso 2: publique en Twitter este trailer.

Así te engañan los políticos sobre #nolesvotes

Como ya expliqué en mi columna de La Voz de Asturias el pasado viernes, hay un gran debate sobre la oportunidad, legitimidad o futilidad de la iniciativa conocida como #nolevotes, una acción de protesta contra los partidos que apoyaron la Ley Sinde, consistente en no votar, en las Elecciones Municipales y Autonómicas, a ningún candidato de PSOE, CiU o PP.

Parece sencillo de entender, ¿verdad? Repitamos de nuevo, utilizando el texto de la propia iniciativa en su web:

Tu decisión es importante. No te pedimos el voto para ningún partido concreto, ni que votes en blanco, ni que te abstengas, sino que te informes para comprobar que existen alternativas contrarias a la ley Sinde en todo el espectro ideológico. Te pedimos que defiendas la libertad en la red con tu voto, no apoyando a aquellos que con sus actos se han hecho claramente merecedores de un voto de castigo.

Lo que ustedes van a ver es una intervención en la Escuela De Formación Política Juan Carlos Rodríguez Ibarra, donde un secretario de las Juventudes Socialistas habla del movimiento.

No se afanen en localizar ese peculiar “Partido por la Democracia”. No existe, es mentira. Y quedaría en anécdota si el resto de su formación (y otras) no estuvieran voceando la misma mentira, para ver si a las mil veces se convierte en verdad.

En la red no juegas si no debates. Y hay gente que es muy buena debatiendo. No tengo una opinión tajante formada sobre la medida, aunque desde luego no la rechazo. Así que sirva esto como mensaje para los intoxicadores profesionales: no todo el mundo respalda a #nolesvotes, pero lo que nos cuentan ustedes #yanocuela.